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12 de marzo de 2026
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EN EL PLAN MILEI EN EL GRAN NEGOCIO FUE EL CARRY TRADE 💸🤑

Dólar en baja, inflación resistente y el negocio del carry trade: ¿equilibrio virtuoso o atraso cambiario?

Mientras el dólar oficial retrocede y el Banco Central acumula reservas, la inflación se resiste a perforar el 2% mensual. El esquema actual favorece el carry trade con ganancias extraordinarias en dólares, pero reabre una vieja discusión argentina: ¿se está gestando un nuevo atraso cambiario? Entre mercados globales inestables, expectativas desordenadas y señales mixtas en la actividad, el modelo enfrenta su primera prueba de consistencia.

El problema es estructural. Si la especulación financiera resulta más rentable que producir, invertir o ampliar capacidad instalada, el modelo empieza a enviar señales distorsivas. El carry trade puede sostenerse mientras el dólar permanezca estable o descendente y la confianza se mantenga intacta. Pero estos esquemas, históricamente, han demostrado fragilidad cuando cambia el humor del mercado o cuando algún shock externo altera las expectativas.

Y el frente externo no ofrece tranquilidad. Los mercados globales atraviesan días turbulentos. Existe preocupación por una posible burbuja en acciones vinculadas a inteligencia artificial. A esto se suma el inminente cambio en la Reserva Federal estadounidense. Jerome Powell deja su cargo en mayo y su sucesor, Kevin Warsh, designado por Donald Trump, enfrentará presiones para reducir tasas en un contexto donde la inflación norteamericana aún oscila entre 2,5% y 3% anual. El margen es limitado. Si Estados Unidos modifica su política monetaria, los flujos hacia mercados emergentes podrían alterarse rápidamente.

En paralelo, el propio Trump impulsa una estrategia de debilitamiento deliberado del dólar global, lo que impacta en commodities y genera movimientos bruscos en activos financieros. Las acciones argentinas cayeron con fuerza la semana pasada, en línea con la corrección internacional. No es un fenómeno exclusivamente local, pero la Argentina, por su fragilidad histórica, siempre amplifica los efectos.

Mientras tanto, la economía real ofrece señales ambiguas. Ciudades turísticas muestran ocupaciones del 80% al 90% durante fines de semana largos, pero comerciantes afirman que “no se vende nada”. Esa convivencia de consumo concentrado y caída general de actividad sugiere una transición aún incierta. La pregunta no es si hay recuperación en algunos sectores, sino si existe un rebote sostenible.

La pobreza alcanzó un pico cercano al 53% en 2024. El gobierno sostiene que logró reducirla al 31%, según estimaciones académicas. Sin embargo, el aumento reciente en alimentos pone en discusión la estabilidad de esa mejora. Si el tipo de cambio continúa atrasándose y la inflación no cede con mayor velocidad, el alivio social podría resultar transitorio.

La Argentina parece haber encontrado un punto de equilibrio financiero. Pero la pregunta relevante es si ese equilibrio es estable o precario. Un tipo de cambio en baja, inflación persistente, ganancias extraordinarias por carry trade y mercados globales volátiles constituyen una combinación delicada. La historia económica del país enseña que los atrasos cambiarios suelen celebrarse al inicio y discutirse al final.

El desafío no es solo sostener el dólar bajo, sino evitar que ese descenso se transforme en una ilusión de estabilidad. Cuando la rentabilidad financiera supera ampliamente a la productiva, el sistema envía una advertencia silenciosa. En las próximas semanas, con mayor claridad sobre la cosecha, la inflación y el contexto internacional, se sabrá si el modelo consolida un nuevo ciclo de estabilidad o si apenas transita un equilibrio inestable con fecha de vencimiento.

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